… el día 14 de marzo, apareció un tipo a las cuatro y media de la tarde, entró en el piso que le quitaron a mis padres, echó unos diez minutos, abrió una persiana y se fue. Llevaba una carpeta bajo el brazo y una cámara de fotos. Se fue conduciendo un wolswagen. Me sentí, como violado. Mi ira crece, fueron 37 años de las vidas de mis padres, que les llevó construir ese hogar. Me niego a aceptar que las inmobiliarias, los bancos y los mercados, están por encima de los derechos humanos y de las personas, me niego a creer que la única solución que existe es la de poner a la gente de patitas en la calle y cerrar los pisos a cal y canto. Esto es la guerra, pues creo que ante todo es ilegal lo que le hicieron a mi familia. Tengo un hermano que sufrió un accidente laboral, tuvo que operarse tres veces y poner seis tornillos en las vértebras lumbares para sujetarse la columna. Quedó discapacitado para el resto de su vida, no bastando esto para joderle la vida, la corporación mutual S.A de Barcelona, le embargó el piso donde vivía con su mujer, ahora exmujer; y su hija pequeña. Las consecuencias de esto, trajeron la desgracia de que dicha corporación, también se llevo el piso de mis padres por ir de aval. Dos pisos de un plumazo. Nos quedamos de piedra, intenté negociar ofreciéndoles una cuota de pago mensual para recuperar nuestro hogar, el de mis padres, pero hicieron caso omiso y se quedaron con las llaves. Ni que decir tiene, que después de quitarnos los dos pisos aún les quedamos a deber cerca de seis mil euros. Casi se llevan el coche Fiat punto de once años, que necesitamos para trasladar a mi madre enferma de cáncer de pulmón, a las consultas del médico o a urgencias, cuando le da una crisis de salud. No les dan tregua a los discapacitados, no les dan tregua a los pensionistas, no le dan tregua a los excluidos socialmente, estamos viviendo una dictadura de bolsillo. No puedo estar tranquilo mientras pase esto todos los días en mi país. Me duele mi gente.
En esta crisis a los pobres, nos están diezmando y nos convierten en indigentes. A familias enteras, sin escrúpulos, les quitan el bienestar y la seguridad que ofrece una vivienda. Mientras ellos y ellas siguen viviendo a todo lujo, nosotros/as que somos para ellos una gran molestia, seguimos pasando frío, hambre, tristeza, soledad, desesperación, miedo e incertidumbre. Me gustaría saber de donde sale lo que comen los ocho millones de habitantes que tiene Nueva York. Alguien tiene que estar en el campo criando la carne y plantando las hortalizas, alguien que es imprescindible para la humanidad, porque hace una labor que nos mantiene vivos, gracias a la alimentación. Pero, ¿que puedo decir de esos monstruos de despacho que ya lo tienen todo, y aún quieren más? Puedo decir que es la maldad absoluta lo que cubre sus rostros y cuerpo. Puedo decir que no me siento representado por ningún político, para mi, se podían ir todos a la mierda y ahogarse en ella. Me tienen traumatizado y ahora cada vez que veo a un trajeado chapero de esos, me tengo que apretar los dientes por no darle de hostias hasta matarlo. No es culpa mía, mi estado caótico mental, es culpa de su puñetera vanidad. Son los hijos de la destrucción y los padres de la guerra y el exterminio. Yo no quiero quedarme quieto, mientras esas criaturas del infierno nos siguen robando, golpeando y acosando con recortes y nuevas leyes, su actitud nos lleva a una guerra civil directa. Ellos creen que por tener al ejército y a la policía ya tiene la victoria. Seguro que en el principio de la guerra siempre uno de los bandos lleva la ventaja, pero luego todo se puede torcer. No veo su victoria esta vez, veo la nuestra. Veo una guerra de guerrillas, no un frente abierto de dos ejércitos enfrentados en un campo inmenso. ¿De verdad que los políticos quieren llegar a esto? ¿A una guerra civil? ¿Por qué?
¿Cómo debería comportarme yo, como hijo y hermano? ¿Tengo que dejar correr, este fraude a mi familia? ¿Por qué nos siguen negando en mi pueblo la ayuda que solicitamos y necesitamos? ¿Hay algo más duro que te echen de tu propia casa, por la fuerza, a pesar de que estés enfermo de cáncer? ¿Estos patanes que nos representan, son verdaderos idiotas? ¿Por qué, si durante toda la vida solo se necesitó a un alcalde para dirigir los ayuntamientos, ahora tenemos a dos, tres y los que sean? ¿Por qué no recortan puestos de trabajos corruptos y dudosos? ¿Por qué no dimiten cuando son juzgados? ¿Por qué los políticos son tan hipócritas? ¿Es necesario que siempre se anden por las ramas? Podría seguir haciéndome preguntas hasta el infinito, es tanto lo mal que lo hacen, que sigo sin entender, que pintan ahí. Su condición vandálica y su posición en la jerarquía de clases, los hace creerse seres supremos. Su maldad y el poder nos matan.
Tienen la sartén por el mango y a nosotros friéndonos dentro, en el aceite hirviendo. Tanta calor me abrasa la cabeza y me hace pensar. Me hace ver que no hay una escapatoria de este encierro hermético, a no ser la de entregar mi vida al suicidio o a la guerra. Menudas dos opciones, no quiero ni la una ni la otra, pero tengo que escoger a vida o muerte. La violencia no es una opción en tiempos de paz, pero usar la defensa propia en tiempos de guerra, es ley. Tenemos una guerra psicológica que vencer. Pero nuestros adversarios hacen caso omiso a las advertencias que se les vienen dando de forma pacifica, con manifestaciones y grandes acampadas, con marchas y protestas. Su respuesta es la violencia, con el brazo brutal de la policía antidisturbios, nos golpean y agreden constantemente. No somos corderos, y si lo somos, siempre podemos enseñarle los dientes al lobo, seguro que se acobarda. Mi postura es firmemente contraria, ante la intolerancia que sienten nuestros gobernantes con los paisanos de su propia tierra. Son unos racistas de clases. Solo les importa salir en la foto con los demás líderes de su secta política europea. Nos someten a su antojo y nos encarcelan en una vida llena de desesperación…
El eje de la tierra está inclinado por el peso de la maldad.